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Souvenirs: cuántos hacen falta, cuánto gastar y cuáles se tiran

El detalle más discutido de toda fiesta. Cuántos calcular de verdad, qué presupuesto tiene sentido, qué souvenirs sobreviven a la semana siguiente y cuándo conviene no poner ninguno.

Por el equipo de Festeodesde Córdoba
Varias cajitas pequeñas atadas con cinta de lino sobre una mesa de madera clara, con tarjetas escritas a mano apoyadas al lado

El souvenir es la decisión más discutida y peor calculada de toda fiesta. Se compra tarde, se compra de más y muchas veces se compra sin saber si alguien lo va a querer. La pregunta honesta no es qué souvenir poner sino qué queda en la casa de alguien tres meses después. Esta guía va a las cuentas: cuántos calcular, cuánto destinar del presupuesto, qué se salva y en qué casos conviene directamente no poner nada.

Cuántos calcular: no es uno por invitado

Este es el error de cálculo más caro. La cuenta intuitiva es un souvenir por persona confirmada, y para varios tipos de souvenir eso significa comprar casi el doble de lo que hace falta. Depende de qué sea:

  • Souvenir de objeto para la casa (una maceta, un portarretrato, algo de cocina): se calcula por familia o por pareja, no por cabeza. Un matrimonio no se lleva dos macetas.
  • Souvenir personal o comestible (un alfajor, una vela chica, una botellita): sí va uno por persona, porque cada uno se lleva el suyo.
  • Souvenir para chicos: aparte y siempre por cabeza. Y si hay hermanos, que sean iguales o vas a tener un problema en la mesa.
  • Margen: sumá entre un 5 y un 10 por ciento sobre el total. Aparecen acompañantes de último momento y siempre hay alguno que se rompe.

Cuánto gastar sin que duela

No hay un precio correcto por souvenir, hay una proporción sana: el souvenir es de los últimos ítems del presupuesto, no de los primeros. Como referencia práctica, en un evento grande suele ubicarse en el orden del uno al tres por ciento del total. Si se está comiendo más que eso, algo se desacomodó, porque es el ítem del que menos se acuerda la gente y el primero que conviene ajustar cuando hay que recortar.

Dos criterios sirven más que cualquier número: multiplicá siempre antes de enamorarte de una idea, porque lo que parece barato por unidad se vuelve una cifra seria al multiplicarlo por ciento veinte, y decidí el souvenir después de tener cerrados salón, comida y fotos. Un souvenir caro con la barra corta es un mal negocio en cualquier fiesta.

Qué sobrevive y qué se tira

El único criterio que importa es si el objeto tiene un lugar en la vida del que se lo lleva. Con eso, la lista se ordena bastante rápido.

Comestible

Ejemplos
Alfajores, frascos de dulce, bolsitas de café, mini botellas
Qué esperar
El más seguro. Se consume, no ocupa lugar y nadie tiene que decidir dónde ponerlo

Útil de cocina

Ejemplos
Tablas, destapadores, especieros, repasadores
Qué esperar
Funciona si es de calidad decente. Si es endeble, va al cajón de los cachivaches

Planta o semilla

Ejemplos
Suculentas chicas, macetitas, sobres de semillas
Qué esperar
Muy bien recibido y fotogénico. Ojo con la logística del día y con el peso

Decorativo genérico

Ejemplos
Adornos con la fecha grabada, figuras, imanes
Qué esperar
El de menor supervivencia. La fecha ajena rara vez entra en la decoración de otro

Experiencia

Ejemplos
Sacar fotos impresas en el momento, una donación a nombre de los invitados
Qué esperar
Lo que más se recuerda. Requiere más coordinación y a veces reemplaza al objeto
Familias de souvenirs y qué esperar de cada una

Cuándo conviene no poner ninguno

Es una opción legítima y cada vez más común, sobre todo en eventos chicos y en casamientos de perfil sobrio. Nadie se va de una fiesta pensando en lo que no se llevó, y hay tres situaciones donde saltearlo es la decisión correcta: cuando el presupuesto está justo y el souvenir compite con algo que sí se nota, cuando el evento es de pocas personas y podés reemplazarlo por un gesto individual de verdad, y cuando la única opción a mano es un objeto genérico que ya sabés que va a terminar en un cajón.

Si te da culpa, hay reemplazos que funcionan mejor que el objeto: una tarjeta escrita a mano por mesa, una foto impresa en el momento, o poner esa plata en algo que se disfruta durante la fiesta. El agradecimiento es lo que la gente se lleva, y no necesita venir en una cajita.

Los tres detalles de ejecución que se olvidan

  1. Dónde se entregan. Si quedan en una mesa lateral sin cartel, la mitad se queda sin repartir. Los que mejor funcionan están sobre la mesa junto al cubierto o los reparte alguien puntualmente antes del cierre.
  2. Quién los lleva y los arma. El armado de cien souvenirs lleva horas. Definí con anticipación quién los arma, dónde se guardan y quién los transporta el día del evento, porque no es una tarea para la semana previa.
  3. Los que sobran. Siempre sobran. Si es comestible, tiene destino obvio; si es objeto, decidí de antemano qué se hace con la caja que queda para que no termine seis meses en el baúl del auto.

Si el souvenir va a estar sobre la mesa, conviene tener resuelta antes la distribución de invitados.

Seating de casamiento: cómo armar la distribución de mesas

Un último apunte de coherencia visual: el souvenir es la última pieza de un lenguaje que empezó mucho antes, en la invitación. Cuando el papel, la cinta y la tipografía de la cajita conversan con lo que la gente recibió en el celular, el detalle se lee como parte de la fiesta y no como un agregado. En Festeo tenés más de 600 plantillas para elegir ese lenguaje desde el principio, y todas se editan con tus colores y tu tipografía, así que la referencia para el resto de los detalles te queda definida el primer día.

Un souvenir no se juzga la noche de la fiesta. Se juzga tres meses después, cuando la persona decide si lo guarda o lo tira.
Festeo

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